Joshua Edelman: “El aprendizaje del jazz puede y debe ser una experiencia relajante, amena y gratificante”.

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. Joshua Edelman, director y fundador de Jazz Cultural Theatre of Bilbao.

Pianista, compositor, productor y pedagogo, el neoyorquino Joshua Edelman rompe con los tópicos actuales que muestran al jazz como una música intelectual, solo para expertos, de angustioso y forzado aprendizaje y centrada en el protagonismo competitivo de largos e ininteligibles solos como estigma de calidad. Para este músico formado en el Village de Manhattan y asiduo a las veladas de jazz de la década de los años sesenta y sesenta en Nueva York, frecuentadas por Thelonious Monk, Art Blakey, Barry Harris, Bill Evans, Horace Silver… el jazz es otra cosa. Sí, es estudio, manejo de la técnica y mucha dedicación; pero sobre todo es swing, baile, alegría, pasión, emoción y…comunicación, “como siempre fue”, dice. Comunicación con los músicos con los que comparte escenario, con los ancestros que transmitieron el legado, y lo más importante y gratificante, con su público.

Una entrevista de Cristina Santolaria para Jazz Cultural Theatre of Bilbao.
Hace cuatro años se inauguraba Jazz Cultural Theatre of Bilbao al tiempo de la puesta en marcha de la productora Jazz Basque Country Productions, con motivo de la salida al mercado de tu séptimo trabajo discográfico “Manhattan Bilbao Jazz-Zubia”, ¿cuál es el balance de estos cuatro años de actividad?
En estos cuatro años hemos realizado muchísimas actividades relacionadas con clases, conciertos y grabaciones. Hemos conocido a muchas personas que se han convertido en buenos amigos, colaboradores y alumnos. En abril de 2012 empezamos con tres alumnos y en junio de 2015 acabamos el curso con ochenta. Se ha generado un ambiente cálido y acogedor, de gente de edades y características muy variadas y estamos dando una alternativa a niños, adolescentes y adultos que no encontraban un aliciente en las escuelas de música más convencionales. Hemos llevado a cabo proyectos en los que combinamos muchos ingredientes de la vida, al fin y al cabo el jazz lo mezcla todo; es el mejor catalizador que conozco.

Sí, un idioma común. Un puente sólido y muy concurrido. ¿De dónde provienen las personas que transitan por vuestro particular puente?
Entre los profesores de la escuela hay músicos de Euskadi, Madrid, Santander, New York, Ohio, Cádiz, Cuba, Perú y Colombia. Vienen del mundo de la música clásica, del jazz, del teatro griego y musical, de la danza, del gospel, del folklore y de los coros vascos, del flamenco, de la tradición afrocubana, de otros sectores de la cultura, del mundo de la biología y de la salud, del medio ambiente y de la producción discográfica. Una buena parte de ellos son mi familia cercana.

¿Y los alumnos?
Entre nuestros alumnos de entre cinco y setenta y tantos años hay, lógicamente, muchos de Bilbao y alrededores, y muchos niños que, por parte de padre o de madre, son cubanos, nicaragüenses, ingleses, daneses, franceses, australianos, etc. También los hay de diversas zonas de España y de otros países de Europa y América. Muchos son músicos clásicos que quieren adentrarse en el mundo del jazz; también vienen de otros estilos y, por su puesto, gente del jazz. Y muchos niños. Niños y niñas que empiezan a tocar en un piano de cola desde el primer día de clase.

¿Cuál es tu secreto como pedagogo para conseguir que un niño de cinco o seis años se enamore del jazz?
Respeto, cariño, paciencia y dedicación al niño o a la niña que está en el proceso de aprendizaje. Disfruto mucho en las clases. Nuestro espacio está dedicado a la enseñanza, la investigación y la difusión del jazz. Nuestro método y nuestros objetivos caminan al unísono de una forma muy natural. Queremos que el alumno se involucre en su propio aprendizaje, qué se convierta en partícipe e investigador y ¡qué se contagie de nuestra pasión por la música! Otros objetivos fundamentales son qué disfrute durante el proceso y qué se sienta con derecho a explorar el instrumento, los fundamentos de la música y a encontrar el ritmo interno; qué escuche con placer y atención, con el corazón y con el intelecto,; qué adquiera una curiosidad por la música que le dé pie a buscar información y ejemplos, y qué trate de aprender de ellos. Queremos que nuestros alumnos aprendan haciendo música en la medida de sus posibilidades, y qué compartan este proceso con otros alumnos y profesores, y con sus propios familiares. Nuestra misión es hacer músicos apasionados, que disfruten en el escenario ante un auditorio, sin miedo. Con la confianza que da el puro placer de expresarse con la voz o con cualquier otro instrumento.

En vuestro centro los alumnos se estrenan con la música tocando y escuchando jazz, e incluso bailándolo…
Pienso que se ha sobredimensionado la dificultad y la disciplina asociada con el aprendizaje de la música. Estamos demostrando que el aprendizaje puede ser una experiencia relajante, amena, gratificante. Los niños y los adolescentes, en Jazz Cultural Theatre of Bilbao, se lo pasan en grande y aprenden. Están motivadísimos, e incluso, estoy comprobando, que esta experiencia mejora su rendimiento en otras áreas. En cuanto a los adultos, hay muchos alumnos que proceden de la tradición clásica que están encontrando nuevos horizontes, e incluso que están profundizando más en el repertorio clásico gracias a nuestras clases. Para mí la música se aprende como si se tratara de un idioma en un contexto real y orgánico. Se aprende escuchando, viendo, por imitación, “trial and error” (ensayo y error); haciendo música con el instrumento, cantando y bailando, y en equipo, unos con otros. El jazz nace de una tradición oral, casi tribal, en la que los mayores enseñaban y guiaban a los jóvenes, y cuando estaban medio preparados… les incorporaban a las bandas, donde seguían creciendo y desarrollándose. Queremos mantener vivo ese espíritu.

Háblanos del programa pedagógico de Jazz Cultural Theatre of Bilbao.
Nuestro programa pedagógico hace hincapié en adquirir un sólido conocimiento de los fundamentos de la música, las escalas, las tonalidades, los acordes y sus cifrados y repertorio. Poco a poco se introducen los conceptos del lenguaje jazzístico, la manera de sentir el ritmo, las bases de la improvisación, la comunicación, la expresividad, la interacción de los músicos en una banda, las exigencias del ensayo y del escenario…

Y como músico y productor ¿qué crees que necesita Bilbao, y, en general Euskadi, para crecer en el terreno del jazz y convertirse en un referente de esta música a nivel internacional?
El jazz sigue siendo una música viva, y por naturaleza mestiza. Para mí es la máxima expresión del arte, de la creatividad y del desarrollo del ser humano a nivel individual y colectivo. Creo que el jazz no debe convertirse en una imitación o un intento de academización de lo que se hacía en Estados Unidos en los años cuarenta, cincuenta o sesenta. El jazz actual debe beber de esas fuentes con dedicación y respeto, pero sin perder de vista el mensaje de los viejos creadores que decían: “respeta y aprende la tradición y sé tú mismo.” ¡“Y con swing”!!, añado.

Todo esto quiere decir que el jazz tiene que ser un reflejo de las vivencias del artista, y de su cultura; y ésta tendrá que formar parte de su música de alguna manera. El jazz en Euskadi no debe limitarse a unas citas anuales con los más famosos de la escena internacional. Estos festivales, en opinión de muchos, satisfacen cada vez menos el deseo de los espectadores de disfrutar con la música. El jazz debería estar mucho más presente en la vida de esta ciudad durante todo el año. Y tiene que recuperar la conexión con el público para que presenciar una actuación de jazz sea una experiencia emocionante, placentera y apasionante. En este sentido trabajamos para crear una buena cantera de músicos locales, acercamos el jazz a los niños desde que tocan por primera vez el instrumento, preparamos alumnos para el Superior de Jazz y, como he comentado antes, atendemos la demanda de músicos clásicos y de otros estilos que necesitan el jazz para ser mejores músicos, componer y desarrollar su capacidad artística…

Por otra parte, es difícil encontrar en Bilbao un lugar para tocar jazz que cuente con un piano de cola (no un teclado). La cultura no es solamente un costoso deber de una institución, una estrategia de marketing superficial dirigida a atraer turismo. La cultura, y en particular el jazz en Euskadi, tal y como yo lo entiendo, es un motor económico que se está desaprovechando. En la mayoría de ocasiones no se valora económicamente la profesión, el esfuerzo y el trabajo del músico de buena formación, y se tiende a abaratar costes abaratando también calidad. Es un circulo vicioso. Los visitantes que llegan a esta ciudad piden jazz en directo, y, la mayor parte de las veces, no lo encuentran.

¿Ni en Jazz Cultural Theatre of Bilbao?
Bueno, ¡aquí siempre!. Ahora estamos organizando unas “Private Jazz Session in Bilbao” para el primer viernes de cada mes. El viernes 4 de diciembre será la primera.